Jackson Cionek
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El APUS Descuartizado: cuando la tierra se convierte en papel

El APUS Descuartizado: cuando la tierra se convierte en papel

¿Cuándo la montaña dejó de ser montaña y pasó a ser un documento?

Esta pregunta revela una de las grandes transformaciones de la historia humana: el paso del territorio vivido al territorio fragmentado, registrado, negociado y controlado por reglas abstractas. A esto lo llamamos APUS descuartizado.

En el concepto de APUS, el cuerpo no termina en la piel. Se extiende en el territorio: en el agua, en la tierra, en la casa, en la calle, en la selva y en las relaciones. El cuerpo siente el mundo como continuidad. Esa continuidad organiza percepción, memoria, pertenencia y acción. Pero esa experiencia fue profundamente alterada, especialmente con la colonización y el desarrollo del capitalismo moderno.

El territorio, antes vivido como espacio de vida, fue recortado en partes. Esas partes recibieron nombres: propiedad, título, escritura, contrato, deuda, garantía, activo, fondo. Cada pedazo de tierra pasó a ser representado por un papel y, más recientemente, por un código digital.

Este proceso no fue neutro. Reorganizó la propia experiencia del cuerpo.

Cuando la montaña se vuelve propiedad, deja de ser solamente una referencia de estabilidad para el cuerpo. Cuando el río se vuelve concesión, deja de ser solamente flujo de vida. Cuando la selva se vuelve recurso, deja de ser solamente respiración ampliada. El territorio deja de ser continuidad y se convierte en fragmento.

El APUS no fue simplemente dividido. Fue descuartizado en papeles.

Esta fragmentación produce una ruptura profunda. El cuerpo sigue vivo, pero pierde la referencia del todo. Empieza a orientarse por partes desconectadas: casa separada de la tierra, trabajo separado de la vida, dinero separado del cuidado, individuo separado del colectivo.

Esa ruptura no es solo simbólica o económica. También es neurobiológica.

La orientación corporal depende de continuidad. Cuando esa continuidad se rompe, el sistema nervioso entra en defensa. La percepción se estrecha, la atención se fija en amenazas, la respiración se vuelve superficial y la confianza disminuye. El cuerpo pasa a operar en lógica de supervivencia.

Es lo que llamamos Zona 3.

En este estado, el cuerpo ya no siente el territorio como extensión. Siente el mundo como riesgo. El colectivo deja de ser abrigo y se convierte en competencia. El otro deja de formar parte del “nosotros” y pasa a ser una posible amenaza.

La fragmentación del territorio también reorganiza el poder.

Cuando el territorio era vivido como continuidad, el poder estaba distribuido en las relaciones, los vínculos, los ciclos y las prácticas comunitarias. Con la fragmentación, el poder pasa a concentrarse en quienes controlan los papeles.

Quien define quién puede poseer, comprar, vender, endeudarse o cobrar, controla el territorio incluso sin pisarlo.

Este desplazamiento es fundamental. El territorio deja de ser controlado por la presencia y pasa a ser controlado por la representación.

Rogério Haesbaert muestra que, en la modernidad, el territorio se asocia cada vez más a lógicas jurídico-políticas y económicas, muchas veces desconectadas del cuerpo y de la vida. En cambio, las perspectivas latinoamericanas buscan recuperar el territorio como espacio vivido, relacional y existencial.

Arturo Escobar amplía esta crítica al proponer que el territorio no es apenas un espacio administrado, sino una ontología, es decir, una forma de existir. Cuando el territorio se reduce a propiedad, no estamos cambiando solo una organización económica. Estamos cambiando el modo mismo de existir.

Esta dinámica se intensifica con la financiarización.

Los papeles dejan de representar directamente la tierra y pasan a representar otros papeles. Los títulos se convierten en activos. Los activos se convierten en derivados. Los derivados se convierten en instrumentos de especulación. El territorio físico se transforma en capas de abstracción financiera.

Hoy, muchos de quienes controlan grandes territorios nunca estuvieron en ellos. El control ocurre por medio de contratos, algoritmos y flujos digitales.

La tierra se convierte en dato.
El territorio se convierte en código.
El APUS se convierte en abstracción.

La neurociencia contemporánea todavía no incorporó plenamente esta dimensión, pero ya ofrece pistas importantes. Estudios con EEG, fNIRS y hyperscanning muestran que el cerebro se organiza de manera diferente en contextos de cooperación, confianza y vínculo, en comparación con contextos de competencia, amenaza y aislamiento.

La neurociencia relacional muestra que el acoplamiento entre cerebros aumenta en situaciones de cooperación y objetivos compartidos. Las investigaciones de hyperscanning corporificado también indican que la interacción social implica procesos coordinados entre cerebro y cuerpo: respiración, variabilidad cardíaca, postura, movimiento y regulación fisiológica.

Sin embargo, el lenguaje científico todavía suele describir estos hallazgos de forma fragmentada:

  • sincronía neural

  • acoplamiento entre cerebros

  • coordinación social

La ciencia mide los efectos, pero aún no nombra plenamente la causa territorial.

Desde la perspectiva del APUS, la conexión se vuelve evidente: un territorio fragmentado produce cuerpos fragmentados. La pérdida de continuidad empuja el sistema nervioso hacia la defensa. La pérdida de suelo colectivo empuja la sociedad hacia la competencia.

Este proceso ayuda a entender por qué el dinero gana tanta centralidad.

Cuando el territorio deja de sentirse como continuidad, la pertenencia necesita ser sustituida por algo. El dinero promete seguridad, acceso y control. Pero, como abstracción, nunca entrega pertenencia real.

Una persona puede acumular riqueza y aun así sentirse sin suelo.

Porque la pertenencia no es una variable económica.
Es una condición corporal.

La metáfora de la cartulina ayuda a comprender esto.

Imaginemos una comunidad que corta una gran cartulina en pedazos para facilitar los intercambios. Cada pedazo representa valor, pero sigue vinculado a la vida real: alimento, trabajo, cuidado, educación, salud. Con el tiempo, quienes controlan la producción de la cartulina y las reglas de circulación de esos pedazos pasan a controlar la vida de la comunidad.

Ahora imaginemos que esos pedazos dejan de representar directamente la vida y comienzan a representar otros pedazos, después otras abstracciones y finalmente códigos digitales.

La distancia entre vida y valor aumenta.

Eso es el APUS descuartizado.

El territorio deja de ser vivido como cuerpo y pasa a ser operado como sistema de representaciones. En ese proceso, el cuerpo pierde la capacidad de sentir el todo.

Pero esta condición no es irreversible.

Reconocer el APUS descuartizado es el primer paso para reconstruir la pertenencia. No se trata de negar la existencia de propiedad, contratos o sistemas económicos, sino de recolocar el territorio como base de la vida y no solamente como activo.

En este sentido, la política necesita ser repensada.

Si el cuerpo se extiende en el territorio, entonces organizar el territorio también es organizar la salud mental, la inteligencia colectiva y la capacidad de vivir juntos. Educación, salud, seguridad, vivienda, acceso a la tierra, agua y espacios comunes no son temas separados. Son condiciones para restaurar el APUS.

Esta discusión se conecta directamente con propuestas como el DREX Ciudadano, donde el dinero vuelve a nacer en el ciudadano como función metabólica básica del territorio, y no solamente dentro de bancos, deuda y especulación.

El objetivo no es eliminar el dinero, sino reconectarlo con la vida.

Al final, el APUS descuartizado revela algo esencial:

no fue solo la tierra la que fue fragmentada.
Fue nuestra capacidad de sentir el todo.

El cuerpo se volvió función.
El territorio se volvió papel.
El colectivo se volvió amenaza.
El dinero se volvió regla abstracta.

Y cuando esto ocurre, la vida deja de ser pertenencia y se convierte en disputa.

El desafío de nuestro tiempo no es solo reorganizar la economía, sino restaurar la capacidad del cuerpo de sentir el territorio como continuidad.

Porque mientras el territorio sea apenas papel,
el cuerpo seguirá perdido.


Referencias

HAESBAERT, Rogério. “Do corpo-território ao território-corpo (da Terra): contribuições decoloniais.” GEOgraphia, 2020.
Referencia central para comprender el territorio como experiencia vivida, relacional y encarnada desde América Latina.

ESCOBAR, Arturo. Pluriversal Politics: The Real and the Possible. Duke University Press, 2021.
Desarrolla la idea del territorio como ontología y critica su reducción a lógicas económicas y estatales.

SVAMPA, Maristella. Neo-Extractivism in Latin America. Cambridge University Press, 2019.
Importante para comprender el extractivismo, la financiarización y la fragmentación territorial en América Latina.

DE FELICE, Silvia et al. “Relational Neuroscience: Insights from Hyperscanning Research.” Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 2025.
Explora el acoplamiento entre cerebros, la cooperación y la interacción social como procesos relacionales.

GRASSO-CLADERA, Aitana et al. “Embodied Hyperscanning for Studying Social Interaction.” Social Neuroscience, 2024.
Muestra la importancia de integrar medidas cerebrales y corporales en el estudio de la interacción social.

BOELENS, Rutgerd et al. “Hydrosocial Territories: A Political Ecology Perspective.”
Ayuda a comprender el territorio como relación de poder y disputa, especialmente en torno al agua.

CRUZ HERNÁNDEZ, Delmy Tania. “Cuerpo-territorio y feminismos comunitarios.”
Relaciona la violencia sobre la tierra con la violencia sobre los cuerpos, reforzando el territorio como espacio de vida.











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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States