Jackson Cionek
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EL AÑO DEL CEREBRO ¿PERO DE QUÉ CUERPO?

EL AÑO DEL CEREBRO  ¿PERO DE QUÉ CUERPO?

El Neuro Desafío Latam comienza donde el cerebro deja de ser una isla

Una persona entra en un laboratorio de neurociencia.

Se sienta frente al investigador. Colocan sensores sobre su cabeza. En la pantalla comienzan a aparecer líneas, ritmos y cambios de oxigenación. Poco a poco, algo que antes parecía invisible empieza a tomar forma.

Es un momento fascinante.

Al observar esas señales, tenemos la impresión de estar viendo, finalmente, el cerebro.

Pero la persona no llegó sola.

Con ella entraron la noche anterior, el alimento al que tuvo acceso, el camino hasta el laboratorio, la lengua aprendida en casa y el lugar donde pudo descansar. Entraron el ruido de la calle, el agua que bebió, las personas a las que cuida, los miedos que aprendió y las historias que todavía lleva consigo.

Tal vez nada de eso aparezca inmediatamente en la pantalla.

Y, sin embargo, todo entró con ella.

De esta percepción nace la primera pregunta del Neuro Desafío Latam:

¿De qué cerebro estamos hablando cuando dejamos el cuerpo y el territorio fuera del laboratorio?

En 2026, Chile celebra el Año del Cerebro. La iniciativa reúne ciencia, educación, cultura, salud, tecnología y democracia. Durante el mismo año, investigadores de diferentes países se encontrarán en el Congreso de la Federación de Sociedades Latinoamericanas y del Caribe de Neurociencias, FALAN.

Es una oportunidad poco común.

Un país entero es invitado a pensar sobre el cerebro, mientras algunas de las principales sociedades científicas de la región se reúnen para compartir lo que han aprendido sobre él.

Tal vez este sea también el momento de preguntarnos qué todavía no hemos aprendido a percibir.

El cerebro que cabe dentro del laboratorio

La neurociencia ha aprendido mucho simplificando el mundo.

Para comprender la atención, la memoria, el lenguaje o el movimiento, los investigadores crean tareas controladas, reducen interferencias y comparan respuestas. Este claro experimental ha hecho posibles descubrimientos fundamentales.

Pero un claro continúa estando dentro del bosque.

Cuando la simplificación deja de ser entendida como un método y comienza a confundirse con la realidad misma, aparece el cerebro abstracto: un cerebro separado de las condiciones que lo alimentan, lo protegen, lo cansan o lo amenazan.

El participante pasa a ser descrito por su edad, sexo, escolaridad y diagnóstico.

Su territorio desaparece de la tabla.

Pero aquello que desaparece de la tabla no desaparece del cuerpo.

Investigadores latinoamericanos ya han comenzado a revelar esta presencia.

En 2024, Sandra Báez y sus colaboradores analizaron registros de EEG de casi 1.400 personas de diez países. La desigualdad estructural apareció asociada con diferencias en características de la dinámica cerebral, incluyendo la complejidad y la organización de las señales eléctricas.

El estudio no encontró una “onda cerebral de la pobreza”.

Encontró algo más cuidadoso y, tal vez, más profundo: las condiciones colectivas pueden relacionarse con la manera en que se organiza la actividad cerebral.

Otros investigadores latinoamericanos, entre ellos Hernando Santamaría-García y Agustín Ibáñez, han mostrado que el envejecimiento y la cognición no pueden comprenderse únicamente a partir de la edad o de la biología individual. La salud mental, las condiciones cardiometabólicas, la educación y las desigualdades sociales también participan en esa trayectoria.

Poco a poco, la imagen cambia.

El cerebro deja de parecer una isla.

El territorio ya estaba dentro del cuerpo

En América Latina, el concepto de Cuerpo-Territorio ha sido desarrollado especialmente por mujeres indígenas, feminismos comunitarios, comunidades tradicionales y movimientos que reconocen una continuidad entre aquello que ocurre con los cuerpos y aquello que ocurre con la tierra.

Cuando el agua es contaminada, algo sucede en los cuerpos.

Cuando una comunidad es desplazada, algo sucede en la memoria.

Cuando desaparece una lengua, también desaparecen formas de percibir, nombrar y compartir el mundo.

Cuando un territorio permanece vivo, continúa produciendo alimentos, pertenencia, historias y posibilidades de futuro.

Cuerpo-Territorio no es una nueva variable creada por la neurociencia.

Es una forma de percibir que puede ampliar aquello que la ciencia considera importante observar.

En Futuro ancestral, Ailton Krenak nos invita a percibir que los ríos, los bosques y los seres humanos no existen como mundos completamente separados. Rogério Haesbaert muestra que, en las experiencias latinoamericanas, el territorio no es solamente un área delimitada en un mapa. Es un espacio vivido, disputado, recordado y sentido.

Esta perspectiva no necesita sustituir al laboratorio.

Puede ayudarlo a formular mejores preguntas.

Tal vez ya hayas sentido esto antes de encontrar cualquier concepto.

Hay lugares donde el cuerpo se relaja.

Hay espacios en los que necesitamos permanecer en alerta.

Existen lenguas en las que ciertos recuerdos regresan con mayor facilidad.

Existen ambientes que nos permiten imaginar un futuro y otros que consumen toda la energía necesaria simplemente para atravesar el presente.

El territorio no está solamente a nuestro alrededor.

Participa en la manera en que percibimos, recordamos y respondemos.

¿Qué podrían hacer visibles el EEG y la NIRS?

El EEG registra cambios eléctricos del cerebro con una gran precisión temporal. La NIRS acompaña cambios de oxigenación en regiones corticales superficiales y permite estudiar a las personas en situaciones más cercanas a la vida cotidiana.

Estas tecnologías podrían ayudar a investigar la atención, el esfuerzo cognitivo y la actividad prefrontal en situaciones de:

  • seguridad e inseguridad percibida;

  • pertenencia y exclusión;

  • reconocimiento e invisibilidad;

  • ruido y sobrecarga ambiental;

  • encuentro con diferentes narrativas sobre comunidad e identidad.

Las señales podrían combinarse con la frecuencia cardíaca, la respiración, el comportamiento, las condiciones ambientales y los relatos en primera persona.

Un cambio en el EEG se encontraría con la historia vivida por la persona.

Una alteración en la oxigenación se encontraría con el significado que aquella situación tuvo para ella.

El tiempo de reacción se encontraría con el tiempo necesario para llegar hasta el laboratorio.

Es en el encuentro entre estas capas donde la investigación puede adquirir materialidad sin reducir a la persona a una señal.

El objetivo no sería encontrar un “cerebro colonial”.

Tampoco sería crear un marcador universal de pertenencia, opresión o identidad.

Sería investigar una hipótesis más sencilla y abierta:

Las condiciones de seguridad, reconocimiento, vínculo y estabilidad territorial pueden modificar la manera en que el cuerpo moviliza sus recursos durante experiencias cognitivas y sociales.

Tal vez algunas diferencias aparezcan en las señales cerebrales.

Tal vez aparezcan en el comportamiento.

Tal vez surjan solamente en los relatos.

Tal vez algunas de nuestras hipótesis necesiten ser abandonadas.

Eso también es ciencia.

Una pregunta para las sociedades de neurociencia

FALAN, la Sociedad Chilena de Neurociencia, la Sociedad Brasileña de Neurociencias y Comportamiento, y las sociedades científicas de Argentina, Colombia, Cuba, México, Perú, Uruguay y otros países ya forman una red capaz de conectar laboratorios y territorios.

Podemos imaginar esta red desarrollando un protocolo latinoamericano en el que las comunidades participen en la elección de las preguntas, en la creación de las tareas y en la interpretación de los resultados.

Podemos imaginar congresos en los que los investigadores presenten no solamente las señales registradas, sino también el territorio del cual surgieron esos datos.

Podemos imaginar que los resultados regresen a las personas que hicieron posible su producción.

En este movimiento, el participante deja de ser únicamente la fuente de una medición.

Comienza a compartir la agencia sobre el conocimiento.

Tal vez el Año del Cerebro pueda abrir este espacio.

No solamente un año para enseñar a la sociedad cómo funciona el cerebro, sino también un año para preguntar a la propia neurociencia qué necesita aprender todavía sobre los mundos en los que viven los cerebros.

Porque todo cerebro llega con un cuerpo.

Todo cuerpo llega con relaciones.

Toda relación ocurre dentro de un territorio.

Y cada territorio contiene formas propias de cuidado, memoria, sufrimiento y creación.

Cuando comenzamos a percibir estas continuidades, el cerebro no pierde su materialidad.

Gana un mundo.

El Neuro Desafío Latam comienza en este punto: cuando observamos una línea de EEG o un cambio de oxigenación y percibimos que la señal continúa más allá de la pantalla.

Continúa en el agua.

Continúa en la lengua.

Continúa en las calles, en los bosques, en las casas y en los vínculos.

Continúa en nosotros.

Y tal vez la pregunta que atraviese el próximo congreso no sea solamente qué hemos descubierto sobre el cerebro.

Tal vez sea:

¿Qué nuevos mundos se vuelven posibles cuando el conocimiento aprende a reconocer el territorio que lo hizo posible?

Referencias esenciales

Báez, S. et al. Structural inequality and temporal brain dynamics across diverse samples. Clinical and Translational Medicine, 2024.

Haesbaert, R. Del cuerpo-territorio al territorio-cuerpo de la Tierra: contribuciones decoloniales. Cultura y Representaciones Sociales, 2022.

Krenak, A. Futuro ancestral. Companhia das Letras, 2022.

Miranda, C. M.; Barroso, M. F. Mulheres na Amazônia: lutas em defesa de seus corpos-territórios. Revista Estudos Feministas, 2023.

Santamaría-García, H. et al. Factors associated with healthy aging in Latin American populations. Nature Medicine, 2023.

Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile; Sociedad Chilena de Neurociencia. Año del Cerebro 2026.

FALAN. Congress of the Federation of Latin American and Caribbean Neuroscience Societies, Santiago, 2026.








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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States