¿Dónde termina una mente durante una conversación?
¿Dónde termina una mente durante una conversación?
Tal vez una conversación no exista por completo dentro de ninguno de los dos cerebros — y quizá el “nosotros” comience cuando el movimiento de una persona empieza a modificar las posibilidades de la otra
Imagina a dos personas que nunca se han visto antes.
Se sientan frente a frente.
Una comienza a hablar.
La otra escucha.
Una frase provoca otra.
El tono cambia.
El ritmo cambia.
A veces una persona completa la idea de la otra.
A veces sucede algo difícil de explicar:
la conversación comienza a fluir.
En otros encuentros, no.
Hay palabras.
Hay respuestas.
Pero algo no llega a construirse entre esas dos personas.
En 2026, Marcos Domínguez-Arriola y sus colegas publicaron en NeuroImage un estudio que buscó observar parte de este fenómeno durante conversaciones naturales.
La pregunta era fascinante:
¿Qué ocurre con la voz, la experiencia subjetiva y la actividad cerebral cuando dos personas sienten que una interacción fue buena?
Para investigarlo, los investigadores no registraron un solo cerebro.
Registraron dos cerebros simultáneamente mediante EEG.
Es lo que llamamos hyperscanning.
Y aquí una pregunta aparentemente técnica comienza a volverse mucho más grande:
¿Qué podemos observar cuando dejamos de estudiar solamente “yo” y comenzamos a medir “yo mientras estoy contigo”?
Dos cerebros durante una conversación real
Los participantes no se conocían previamente.
Organizados en parejas, mantenían conversaciones breves y libres sobre diferentes temas mientras los investigadores registraban simultáneamente el habla y la actividad cerebral de ambos.
Después evaluaban distintos aspectos de la calidad de la interacción.
El estudio analizó varias formas de coordinación.
Voz con voz.
¿Las características del habla de ambas personas comenzaban a acercarse?
Cerebro con habla.
¿La actividad neural acompañaba el discurso de manera diferente durante las interacciones consideradas mejores?
Cerebro con cerebro.
¿Determinadas relaciones temporales entre ambos EEG estaban asociadas con la calidad percibida de la conversación?
Esta distinción es importante porque el “estar juntos” no apareció como un único fenómeno.
Las parejas que construyeron impresiones mutuas más positivas mostraron una mayor convergencia prosódica a lo largo de la interacción.
Algunas características de sus voces comenzaron a volverse más semejantes.
A nivel cerebro-cerebro, las conversaciones evaluadas como de mayor calidad presentaron relaciones interbrain más intensas en las bandas alfa y theta, especialmente un acoplamiento alfa casi simultáneo.
Pero las diferentes medidas no contaron exactamente la misma historia.
Y quizá eso sea más interesante que si todo simplemente hubiera “sincronizado”.
Sincronía no significa una sola mente
Necesitamos evitar una interpretación seductora:
“Dos cerebros se sincronizaron; por lo tanto, se convirtieron en una sola mente.”
El estudio no demuestra eso.
La sincronía neural no es amistad.
No es automáticamente cooperación.
No es pertenencia.
No es Jiwasa.
El hallazgo es mucho más preciso:
Determinadas relaciones temporales entre las señales neurales de dos personas acompañaron algunos aspectos de la calidad que ambas atribuyeron a una conversación natural.
Hasta aquí:
Domínguez-Arriola y sus colegas.
Pero esto nos permite preguntar:
¿Existen acontecimientos humanos cuya unidad mínima de análisis no pueda ser solamente el individuo aislado?
Para llegar a esta pregunta, quizá sea útil comenzar por algo más sencillo.
Cuando un objeto comienza a participar del cuerpo
Piensa en un artista experimentado utilizando un pincel.
En un tenista con una raqueta.
En un atleta utilizando equipamiento especializado.
En un músico con su instrumento.
Después de mucha práctica, la relación con ese objeto puede volverse tan precisa que la persona deja de necesitar calcular conscientemente cada centímetro que separa el cuerpo de la herramienta.
El cuerpo aprende a actuar a través de ella.
La herramienta no se convierte biológicamente en parte del organismo.
Pero puede funcionar como una extensión de su repertorio de acción.
Un tenista percibe posibilidades con una raqueta que una persona sin experiencia quizá no perciba.
Un pintor siente diferencias a través del pincel.
Un músico organiza movimientos a través de su instrumento.
En el lenguaje de BrainLatam podemos preguntar:
¿Puede una herramienta ampliar el APUS de un Cuerpo-Territorio?
Puede permitir alcanzar, percibir o producir movimientos que quizá no existirían de la misma manera sin esa relación.
Pero algo cambia radicalmente cuando aquello que está frente a nosotros también tiene un cuerpo.
Cuando el otro no es una herramienta
Piensa en la equitación.
Existe el jinete.
Y existe el caballo.
El caballo no es una extensión pasiva.
Tiene sistema nervioso.
Percepción.
Estado fisiológico.
Historia.
Miedo.
Aprendizaje.
Sus propias posibilidades de movimiento.
El jinete también.
Cuando ambos entran en movimiento, ya no tenemos:
Cuerpo → herramienta → mundo.
Tenemos:
Cuerpo ↔ Cuerpo.
El jinete percibe pequeñas modificaciones en el ritmo, la tensión, la dirección y el movimiento del caballo.
Ajusta pelvis, tronco, piernas, manos y distribución del peso.
El caballo percibe ese ajuste.
Responde.
Esa respuesta regresa al cuerpo del jinete.
Que vuelve a ajustarse.
Tenemos un ciclo:
caballo percibe → responde → jinete percibe → responde → caballo percibe...
Ninguno de los dos posee por sí solo el movimiento final.
El movimiento emerge de la relación.
Alto rendimiento no significa desaparecer dentro del otro
Este ejemplo ayuda a comprender una diferencia esencial.
Cuando utilizamos una herramienta, podemos intentar incorporarla a nuestro control.
Pero cuando interactuamos con otro organismo, el alto rendimiento no debería significar simplemente controlarlo.
En el conjunto caballo-jinete, si el jinete se vuelve completamente rígido e intenta imponer cada movimiento, la relación se deteriora.
Si se vuelve completamente pasivo, tampoco aparece el mismo nivel de coordinación.
El conjunto depende de percepción y ajuste recíprocos.
Esto nos permite transformar una palabra abstracta —respeto— en una pregunta más experimental:
¿Respetar a otro organismo podría significar ser capaz de percibir sus señales sin anularlas y ajustar nuestro propio movimiento sin destruir su capacidad de respuesta?
Si lo pensamos de esta manera, el alto rendimiento relacional no sería:
A domina a B.
Tampoco:
A desaparece dentro de B.
Sería:
A y B construyen un movimiento compartido mientras ambos siguen siendo capaces de percibir y modificar al otro.
Y aquí comenzamos a acercarnos a Jiwasa.
Jiwasa: yo, tú y aquello que ninguno puede producir por separado
Jiwasa no es una frecuencia del EEG.
No es sincronía alfa.
No es una región cerebral.
Domínguez-Arriola y sus colegas no estudiaron Jiwasa.
En la formulación de BrainLatam utilizamos Jiwasa para abrir una pregunta sobre agencia compartida.
Una conversación ofrece un ejemplo sencillo.
Yo solo no puedo producir nuestra conversación.
Tú solo tampoco.
Cada uno posee su propia historia, su cuerpo y sus posibilidades.
Pero cuando interactuamos, mis próximos movimientos comienzan a depender de los tuyos.
Mi frase modifica tu próxima respuesta.
Tu expresión cambia aquello que estoy a punto de decir.
Tu silencio puede reorganizar mi siguiente movimiento.
Entonces podemos preguntar:
¿Qué ocurre cuando el APUS de un Cuerpo-Territorio comienza a ser modificado por las posibilidades ofrecidas por otro Cuerpo-Territorio?
Quizá una herramienta amplíe mi APUS.
Pero otro Cuerpo-Territorio puede participar en la construcción de:
nuestro campo de movimientos posibles.
Esa diferencia es fundamental.
Jiwasa no exige que dos cuerpos se vuelvan iguales
Tal vez un buen “nosotros” no sea aquel en el que desaparecen las diferencias.
En la equitación de alto rendimiento, caballo y jinete no necesitan convertirse en un mismo organismo.
En la música, dos intérpretes no necesitan tocar la misma nota.
En una conversación, dos personas no necesitan tener la misma opinión.
Tal vez Jiwasa aparezca precisamente cuando movimientos diferentes consiguen construir algo en común sin que uno de ellos tenga que eliminar completamente al otro.
Por eso:
Sincronizar no significa pertenecer.
Y podemos añadir:
Coordinar no significa someterse.
Dos personas pueden marchar juntas por obligación.
Una multitud puede repetir la misma palabra.
Millones de individuos pueden recibir el mismo estímulo de un algoritmo.
Existe sincronía.
Pero quizá no exista reciprocidad.
Y allí necesitamos algo más que EEG.
QSH: cuando percibimos que formamos parte de algo
En BrainLatam utilizamos Quorum Sensing Humano —QSH— como una hipótesis para preguntar cómo pueden cambiar los movimientos de una persona cuando percibe que pertenece a un colectivo.
No existe un electrodo capaz de decir:
“Aquí comenzó la pertenencia.”
Necesitaríamos combinar diferentes niveles:
EEG o fNIRS hyperscanning.
Movimiento.
Voz.
Respiración.
Frecuencia cardíaca.
Comportamiento.
Relato subjetivo.
Contexto.
Y también algo fundamental:
poder.
Porque dos personas pueden mostrar coordinación y, aun así, tener posibilidades muy diferentes de modificar la relación.
La pregunta latinoamericana
Imagina a dos personas conversando.
Ambas hablan español.
Ahora imagina:
una habla español y la otra aimara.
O guaraní.
O alguna lengua indígena cuya relación con territorio, agencia y vida colectiva organice la experiencia de otra manera.
Imagina una conversación entre dos personas con posiciones sociales semejantes.
Después, entre alguien con gran poder institucional y otra persona cuya vida depende de esa institución.
El EEG puede registrar coordinación.
Pero todavía necesitamos preguntar:
¿Quién puede interrumpir?
¿Quién puede disentir?
¿Quién necesita adaptar su lenguaje?
¿Quién puede permanecer en silencio?
¿Quién debe abandonar su propia semántica para continuar perteneciendo?
Esto cambia profundamente el problema.
Porque un Jiwasa de alto rendimiento quizá no sea aquel en el que todos se vuelven semejantes.
Puede ser aquel en el que la relación produce coordinación sin destruir la diversidad de los Cuerpos-Territorios que la constituyen.
¿Podríamos estudiar también un Jiwasa multiespecie?
El conjunto caballo-jinete abre otra pregunta.
¿Jiwasa debe existir necesariamente entre humanos?
No lo sabemos.
Pero podemos investigarlo.
Imagina comparar:
jinete principiante + caballo;
jinete experimentado + caballo conocido;
jinete experimentado + caballo desconocido.
Podríamos registrar los movimientos de ambos.
Presión de la montura.
Tensión de las riendas.
Frecuencia cardíaca.
Variabilidad de la frecuencia cardíaca.
Respiración.
Actividad muscular.
Momento de las correcciones.
Y, cuando sea técnicamente viable, EEG o fNIRS del jinete.
Entonces preguntar:
¿Cuándo dos organismos comienzan a construir un movimiento en el que pequeñas modificaciones de uno son percibidas e incorporadas por el otro?
No para afirmar que caballo y jinete “son Jiwasa”.
Sino para formular una pregunta más interesante:
¿La agencia compartida necesita lenguaje o puede comenzar en el propio acoplamiento entre cuerpos capaces de sentir y responder mutuamente?
Donde termina el artículo y comienza BrainLatam
Domínguez-Arriola y sus colegas mostraron que, durante conversaciones naturales, diferentes formas de coordinación acompañaron distintos aspectos de la interacción.
Las relaciones interbrain en alfa y theta acompañaron la calidad percibida de la conversación, mientras que la convergencia prosódica estuvo relacionada con el desarrollo de impresiones interpersonales más positivas.
Hasta aquí:
Domínguez-Arriola y sus colegas.
A partir de aquí:
BrainLatam.
El estudio no midió Jiwasa.
No midió QSH.
Pero permite formular una pregunta fundamental:
Si podemos medir aspectos de la coordinación que emergen entre dos personas, ¿podemos investigar cuándo esa coordinación comienza a producir posibilidades que ninguno de los participantes podría producir por separado?
Y después:
¿Cuándo la coordinación se convierte en reciprocidad?
¿Cuándo la reciprocidad se convierte en pertenencia?
¿Cuándo la pertenencia amplía los movimientos posibles de cada participante?
¿Y cuándo el colectivo, por el contrario, comienza a reducirlos?
Tal vez la pregunta más importante no sea dónde termina una mente.
Tal vez sea comprender qué ocurre cuando dos mentes continúan siendo diferentes y, aun así, consiguen construir un movimiento compartido.
Una herramienta puede ampliar mis movimientos.
Otro Cuerpo-Territorio puede modificar mis movimientos mientras yo modifico los suyos.
Y quizá Jiwasa comience precisamente allí:
no cuando dejamos de ser “yo” y “tú”, sino cuando aparece un movimiento que solo puede existir porque existe un “nosotros”.
Neuro Desafío Latam
Piensa en una relación en la que realmente construiste algo junto a otra persona.
¿Aquello que surgió te pertenece a ti, le pertenece al otro — o solo pudo existir porque ambos participaron en la construcción del siguiente movimiento?
Referencia científica
Domínguez-Arriola, M. E., Lam, P. C. H., Pérez, A., & Pell, M. D. (2026). Interpersonal neural coordination tracks interaction quality during naturalistic conversation. NeuroImage, 338, 122090. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2026.122090