Jackson Cionek
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De dos cerebros a una Constitución

De dos cerebros a una Constitución

¿Qué podrían descubrir ocho jóvenes neurocientíficos si comenzaran preguntándose cómo dos personas pueden hacer juntas aquello que ninguna de ellas podría hacer por separado?

Imagina a ocho estudiantes entrando a un congreso de neurociencia.

Podrían comenzar hablando de neuronas.

Potenciales eléctricos.

EEG.

Oscilaciones.

Sinapsis.

Redes cerebrales.

Pero Ivo Leiva-Cisterna podría comenzar con una pregunta mucho más sencilla:

¿Pueden dos personas hacer juntas algo que ninguna de ellas podría hacer por separado?

Tal vez alguien responda rápidamente:

“Sí.”

Entonces aparecería otra pregunta:

¿Cómo lo sabemos?

Es precisamente en ese punto donde la neurociencia deja de ser solamente un contenido que aprendemos y comienza a convertirse en una herramienta para pensar.

Durante FALAN 2026, en Santiago de Chile, ocho estudiantes de Brain Bee Chile tendrán la oportunidad de entrar en contacto con uno de los principales encuentros de neurociencia de América Latina y el Caribe.

La propuesta de BrainLatam para ese encuentro no es entregarles una respuesta sobre la sociedad.

Es hacer algo quizá más difícil:

comenzar por el cerebro y seguir preguntando hasta que la propia pregunta se vuelva demasiado grande para caber dentro de él.


Primera pregunta: ¿podemos observar dos cerebros al mismo tiempo?

Sí.

En el blog anterior hablamos de hyperscanning: registrar simultáneamente la actividad cerebral de dos o más personas mientras interactúan.

Pero el trabajo de Ivo Leiva-Cisterna y sus colegas, publicado en 2025 en Social Cognitive and Affective Neuroscience, dio un paso especialmente interesante.

Los investigadores no querían solamente observar que dos cerebros se volvían más sincronizados durante una tarea cooperativa.

Querían preguntar:

¿Qué ocurre si modificamos experimentalmente esa sincronización? ¿También cambia la cooperación?

Sesenta participantes, formando 30 parejas de personas que no se conocían previamente, realizaron una tarea en la que necesitaban coordinar sus tiempos de respuesta para tener éxito juntos.

Algunas parejas participaron en una condición de estimulación sensorial rítmica.

Otras realizaron la tarea sin ese protocolo.

En la condición experimental, se presentaron estímulos visuales rítmicos a 16 Hz o 40 Hz, de manera sincronizada o con diferencias temporales entre los dos participantes.

El objetivo era modular la actividad neural de ambos miembros de la pareja y observar qué ocurría con su coordinación.


¿Y qué ocurrió?

Las parejas expuestas al protocolo de entrainment mostraron, en conjunto, una mayor tasa de cooperación que el grupo control.

El efecto conductual más claro apareció en las condiciones de 16 Hz.

Es importante destacar algo:

las personas no se volvieron simplemente más rápidas.

El principal cambio apareció en qué tan próximas eran las respuestas de ambos participantes entre sí.

Se coordinaron mejor.

Los autores interpretaron el conjunto de resultados como evidencia de que la sincronización interbrain podría tener una contribución funcional en la coordinación cooperativa, y no ser solamente un efecto colateral de que dos personas reciban estímulos semejantes.

Es un resultado provocador.

Pero necesitamos conservar la misma humildad científica de los blogs anteriores.

Fueron 30 parejas.

Una tarea específica.

Un paradigma específico de estimulación visual.

Y el propio estudio mostró matices importantes.

Por eso:

16 Hz no es “la frecuencia de la cooperación”.

Y sincronización neural no significa Jiwasa.

Pero ahora tenemos una pregunta experimental muy poderosa.


Segunda pregunta: ¿dónde estaba la cooperación?

¿Estaba en el cerebro de la persona A?

¿En el cerebro de la persona B?

¿En la pantalla?

¿En la sincronización?

¿En las reglas de la tarea?

¿O emergía de la relación entre todos esos elementos?

La persona A no podía tener éxito por sí sola.

La persona B tampoco.

Para lograrlo, cada una necesitaba producir un movimiento teniendo en cuenta aquello que hacía la otra.

Por lo tanto, el resultado no pertenecía completamente a A.

Ni completamente a B.

Aparecía en la coordinación:

A ↔ B.

Esta es una excelente puerta de entrada para presentar Jiwasa a los estudiantes.

No como una respuesta.

Como una pregunta.

¿Existe algo que solamente empieza a existir cuando existe un “nosotros”?


Tercera pregunta: ¿hay dos cerebros o dos cuerpos?

Ahora podemos hacer el problema más complejo.

Los participantes tenían electrodos de EEG sobre sus cabezas.

Pero quien presionaba el botón no era un cerebro flotando.

Era un cuerpo.

Los ojos percibían el estímulo.

Las manos respondían.

Los sistemas autonómicos mantenían al organismo.

Las experiencias anteriores influían en la atención, la confianza y la estrategia.

Entonces preguntamos:

¿Podemos comprender aquella cooperación estudiando solamente dos cerebros?

Probablemente no.

El cerebro participa.

Pero participa dentro de un organismo.

Aquí BrainLatam propone el Cuerpo-Territorio.

No como una variable medida por Leiva-Cisterna y sus colegas.

Sino como una hipótesis para preguntar si la unidad relevante para comprender una acción humana necesita incluir al organismo situado en sus condiciones materiales, históricas, culturales y relacionales.

Ahora ya no tenemos solamente:

cerebro ↔ cerebro.

Tenemos:

Cuerpo-Territorio ↔ Cuerpo-Territorio.


Cuarta pregunta: ¿los dos cuerpos llegaron iguales al experimento?

No.

Aunque todos recibieran la misma pantalla.

Cada persona llegó con una historia.

Una lengua.

Un repertorio.

Una forma de confiar.

Una historia previa de cooperación.

Un cuerpo entrenado dentro de un determinado territorio.

Esto nos lleva a una pregunta que ocho jóvenes latinoamericanos pueden comprender sin ninguna fórmula:

Si cambiamos el territorio en el que una persona crece, ¿cambiamos también aquello que aprende a percibir como posible?

Una niña o un niño con alimentación adecuada, escuela estable, seguridad, libros, deporte, contacto con la naturaleza y tiempo disponible encuentra un determinado campo de posibilidades.

Otra persona que crece con inseguridad alimentaria, violencia y ausencia de infraestructura encuentra otro.

No necesitamos decir que una tiene “un cerebro mejor”.

La pregunta es diferente:

¿Recibieron las mismas posibilidades de movimiento?

Aquí reaparece el APUS.

Y quizá también otra idea de BrainLatam:

Puedes ser masificado por las elecciones que nunca tuviste la posibilidad de hacer.

Porque antes de elegir entre A y B, A y B necesitan haber aparecido como posibilidades.


Quinta pregunta: ¿dónde termina el territorio?

¿En la puerta de la casa?

¿En el barrio?

¿En la ciudad?

¿En el país?

Piensa en Chile.

La Cordillera de los Andes.

El desierto.

El océano.

El agua.

La minería.

Los bosques.

La temperatura.

La calidad del aire.

Los terremotos.

Las distancias.

Estas condiciones no son solamente un escenario.

Participan de las posibilidades de vivir.

Entonces podríamos preguntar a los estudiantes:

¿Puede un cuerpo existir separado del Bioma que le proporciona agua, alimento, temperatura, aire y las condiciones que permiten la continuidad de la vida?

Si la respuesta es no, el camino vuelve a cambiar.

Del cerebro pasamos al cuerpo.

Del cuerpo, al territorio.

Del territorio, al Bioma.

Podríamos representarlo así:

cerebro → cuerpo → relación → territorio → Bioma.

Todavía no apareció ninguna Constitución.


Sexta pregunta: ¿quién organiza parte de esas posibilidades?

Aquí aparece el Estado.

¿Quién decide dónde habrá escuelas?

¿Hospitales?

¿Saneamiento?

¿Transporte?

¿Áreas verdes?

¿Protección ambiental?

¿Conectividad?

¿Investigación?

¿Alimentación escolar?

¿Quién define derechos y obligaciones?

¿Quién organiza una parte importante de las condiciones colectivas dentro de las cuales se desarrollará un Cuerpo-Territorio?

El Estado no produce todas las condiciones de la vida.

Pero modifica muchas de ellas.

Entonces aparece una pregunta casi inevitable:

Si las condiciones territoriales modifican aquello que un cuerpo puede hacer, ¿el Estado también participa indirectamente en la construcción de los movimientos posibles de sus ciudadanos?

Ahora la neurociencia encontró a la política.

No porque un EEG pueda decirnos cómo gobernar.

Sino porque estudiar causalidad nos enseñó a seguir preguntando:

¿qué ocurrió antes?


Séptima pregunta: ¿qué unidad ve el Estado?

Una persona puede aparecer ante el Estado como:

un número de identificación.

Una dirección.

Un nivel de ingresos.

Un diagnóstico.

Una matrícula escolar.

Un beneficiario.

Un elector.

Un contribuyente.

Pero ¿qué desaparece cuando dividimos a la misma persona entre diferentes bases de datos?

¿Su relación con el territorio?

¿La calidad del agua?

¿El tiempo de desplazamiento?

¿La exposición a la violencia?

¿El acceso al Bioma?

¿Las redes comunitarias?

¿Las posibilidades educativas?

Tal vez podamos preguntarles a los ocho estudiantes:

¿Puede el Estado comprender a una persona mirando solamente los documentos que él mismo creó para representarla?

Y entonces introducir, explícitamente como propuesta BrainLatam:

¿Qué ocurriría si experimentáramos con pensar el Cuerpo-Territorio como la unidad mínima de reconocimiento del Estado?

No estamos afirmando que la neurociencia haya demostrado que esta deba ser la organización constitucional correcta.

No lo ha demostrado.

Estamos construyendo una hipótesis política a partir de una secuencia de preguntas causales.


Octava pregunta: ¿y si ustedes tuvieran que escribir una Constitución?

Solamente ahora llegamos a la Constitución.

No comenzamos diciéndoles a los estudiantes qué debería contener.

Comenzamos con:

EEG.

Después:

dos cerebros.

Después:

cooperación.

Después:

dos cuerpos.

Después:

territorio.

Después:

Bioma.

Después:

Estado.

Solo ahora podríamos preguntar:

Si después de esta conversación tuvieran que escribir una nueva Constitución, ¿qué preguntarían antes de escribir el primer artículo?

Tal vez una estudiante hable de educación.

Otro de salud.

Otro de agua.

Tecnología.

Ciudades.

Economía.

Medio ambiente.

Democracia.

Las respuestas pueden ser diferentes.

Eso es deseable.

El objetivo no es conseguir que ocho estudiantes repitan BrainLatam.

Eso sería contradictorio con todo lo que estamos proponiendo.

El objetivo es ampliar su APUS constitucional:

hacer aparecer preguntas que quizá no estaban disponibles al comienzo de la conversación.


Donde termina el artículo y comienza BrainLatam

Leiva-Cisterna y sus colegas estudiaron 30 parejas realizando una tarea cooperativa y utilizaron estimulación sensorial visual rítmica para modular la sincronización interbrain.

El protocolo de entrainment estuvo asociado con un aumento de la sincronización en las frecuencias objetivo y con una mejor coordinación conductual, con un efecto especialmente marcado en las condiciones de 16 Hz.

Hasta aquí:

Leiva-Cisterna y sus colegas.

El artículo no estudió:

Cuerpo-Territorio.

APUS.

Jiwasa.

Bioma.

Estado.

Constitución.

A partir de aquí:

BrainLatam.

Nuestra hipótesis es que este estudio ofrece una oportunidad pedagógica extraordinaria para dejar crecer una pregunta.

Si podemos preguntar experimentalmente cómo dos organismos coordinan una acción, podemos comenzar a investigar qué condiciones amplían o restringen esa coordinación.

Si el organismo depende de un territorio, podemos preguntar cómo ese territorio participa de sus movimientos posibles.

Si el territorio depende de condiciones ecológicas, encontramos el Bioma.

Y si las instituciones modifican sistemáticamente esas condiciones, encontramos el Estado.

No como resultado de una frecuencia cerebral.

Sino como una nueva escala de la pregunta.

Tal vez la neurociencia no pueda escribir una Constitución.

Ni debería intentar hacerlo por sí sola.

Pero quizá pueda ayudar a una generación a preguntar:

¿Qué condiciones necesitan existir para que diferentes Cuerpos-Territorios puedan participar en la construcción de un movimiento colectivo sin que algunos tengan que desaparecer para que otros puedan existir?

Y entonces quizá aparezca la pregunta que no necesitamos entregar ya respondida a los ocho estudiantes:

¿Cuál debería ser la unidad mínima que un Estado reconoce antes de comenzar a organizar una sociedad?

Tal vez alguien responda:

el individuo.

Otra persona:

la familia.

Otra:

la comunidad.

Otra:

el territorio.

Y quizá alguien pregunte:

¿Por qué separar aquello que nunca existió separado?

En ese momento, quizá Cuerpo-Territorio deje de ser una definición ofrecida por BrainLatam.

Y se convierta en una hipótesis que los propios estudiantes decidan que vale la pena investigar.

Neuro Desafío Latam

Comienza con una pregunta sencilla:

¿Qué pueden hacer juntas dos personas que ninguna de ellas podría hacer por separado?

Después continúa preguntando “¿de qué depende eso?” hasta llegar al Estado.

¿Tu última pregunta seguirá siendo sobre el cerebro?


Referencia científica

Leiva-Cisterna, I., Barraza, P., Rodríguez, E., & Dumas, G. (2025). Sensory multi-brain stimulation enhances dyadic cooperative behavior. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 20(1), nsaf104. https://doi.org/10.1093/scan/nsaf104






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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States